Con protestas y Tributaria, cesó la horrible noche

Vivir en el exterior, tener un reloj con seis horas más que Colombia y ser activo en redes sociales, es el pan de cada día de quien hoy escribe. No vivir en el país es producto de la necesidad de salir a buscar mejores oportunidades, tener seis horas de diferencia es lo que facilita sintonizar noticias en horas pico, y estar activo en redes sociales es el mecanismo que encuentro para expresar mi opinión y alejarme de la posición “importaculista”, así en ocasiones falte a la coherencia. ¡Migrar no es fácil, es un despertar de emociones al ver cómo el país se convierte en una cloaca!

Hoy es un día particular, un jueves en el que una vez más quise explicar lo qué pasa en el país a mis amistades, pues los medios no tenían los mejores titulares de Colombia. El balance de las protestas dejó mucho por mejorar, con seguridad puedo decir que en su mayoría, las marchas transcurrieron de manera pacífica, realmente los desmanes fueron más que todo en tres ciudades, pero esas dificultades no se deberían presentar. 

Fue atacado un centro comercial de Medellín, Iván Duque facilitó la delincuencia que se presentó en el paro, intentaron meterse a la corte de justicia, atacaron a las instituciones y dañaron cámaras de seguridad, realizaron saqueos a grandes superficies y tiendas de barrio; son apenas algunas de las expresiones que se escuchan en la radio. 

Pocos panelistas dicen que lo que se vio el 28 de abril en las calles del país fue un rechazo masivo a la reforma tributaria. El gobierno parece olvidar que las reformas de ley se manejan con liderazgo y capacidad política para generar acuerdos, claramente el presidente de Colombia y su Ministro carecen de estas características y brillan por el autoritarismo.

También se puede interpretar que estamos frente a un conflicto que se está saliendo de las manos, evitar lo sucedido era muy fácil, pero generar el incendio social que se generó también lo era, lamentablemente el ego llevó a que los responsables optaran por la segunda opción.

Las protestas no solo demuestran inconformidad social, también ponen en evidencia que el país le tiene más temor al gobierno que a la pandemia, eso deja mucho que pensar. Me pregunto si los altos funcionarios conocen de reflexión o autoevaluación. Por ahora sabemos que en dos semanas veremos el estallido epidemiológico, esperemos no llegar a registrar los promedios que está registrando la India.  

Estamos frente a una explosión social de todo un país, lo del 28 de abril fue histórico, primero porque se dio en un contexto pandémico y segundo, porque personas que nunca pensaron alzar la voz, lo hicieron. 

Preocupa que en medio de la hecatombe, los sectores de opinión y medios de comunicación aprovechan para polarizar y para captar votos, confirmando que para los ciudadanos de a pie la vida está en juego, pero para los altos funcionarios no somos más que estadísticas. 

Iván Duque hace unos años presentó disertación a la Tributaria del entonces presidente Juan Manuel Santos y también lideró movilizaciones en su contra; hoy rechaza las súplicas de todo el país, incluyendo las de su auspiciador Álvaro Uribe Vélez, quién trinó así:

“Súplica angustiosa: 

Que Gbno, partidos y ponentes acuerden un texto simple, corto, no agresivo, lo presenten como ponencia, lo aprueben.

Se necesitan recursos para atender la crisis social.

Se necesitan virajes para atender la democracia.”

Horas después volvió a trinar pues su caudillo lo ignoró. En esa ocasión así: 

“Por favor equipo Ministerio de Hda, esto no se arregla quitando unos temas, no insistan en discutir los 170 artículos, faciliten consenso de pocos artículos, simples, claros, no agresivos, por regla transitorios, que ese acuerdo sea la ponencia. Lean los riesgos a la democracia.”

Hoy 29 de abril, luego del balance, de las súplicas, del ruego, Iván Duque no pudo conciliar con su ego y emitió un comunicado y una alocución ratificando que no retiraría la reforma tributaria, mientras que centrales obreras anunciaron que el paro continuaría. Quizá la situación actual se resume en tres escenas: 

Primera escena: el gobierno acusando a quienes ejercen el derecho a la protesta de vándalos y delincuentes.

Segunda escena: los organizadores del paro diciendo que quienes delinquen son infiltrados del ejército. 

Tercera escena: un pueblo MAMADO en medio de dos posturas que desde la frontera se ven con P o con U, dejando la otra P, de pueblo, en la mitad..

¿Quién gana políticamente con lo que sucedió el 28 de abril?

Es sin duda una pregunta de difícil respuesta y es con seguridad, el desacierto mediático que desvía la atención de lo realmente importante, pues ya es hora de dejar de pensar que todo lo que pasa en el país va a beneficiar o perjudicar a Uribe o a Petro. 

Lo único cierto es que no es posible determinar un ganador, pero sí se puede establecer que el único perdedor es el pueblo. Perdieron los contribuyentes, porque la reparación de los bienes públicos se hace con sus impuestos. También perdieron los empresarios, porque la restitución de todos los perjuicios, la deben hacer con recursos propios en medio de la crisis. 

Pierden los ciudadanos de a pie, aquellos que salieron a marchar siguiendo los protocolos, promoviendo una protesta pacífica y cumpliendo,  pues las minorías, esos que ejecutaron vandalismo y delinquieron, permitieron que los medios de comunicación y el gobierno inundarán la prensa con ataques y justificaran una vez más sus políticas dictatoriales. Cabe entonces concluir con aquel refrán que reza así: “justos pagan por pecadores”. 

¿Y la pandemia en medio de las protestas?

Es importante que la izquierda, la derecha, el gobierno central, los líderes de opinión y demás actores de este proyecto llamado Colombia, trabajen en la unidad para vencer a la pandemia. 

Colombia registra hoy 2,824,626 de casos, 109.794 activos y 72.725 fallecidos. Actualmente está atravesando el peor momento en materia de datos diarios, pues durante los últimos días se ha repetido el mismo titular en los principales medios: “Colombia registra el número más alto de muertes por día desde que inició la pandemia.”

Colombia es el quinto país del mundo en número de muertes por día, solo es “superado” por India, Brasil, Estados Unidos y Polonia. Aclarando que el primero tiene 1.381 millones de habitantes, el segundo 213 millones, el tercero 332 millones y el cuarto 37 millones, este último es el único que no supera al país sudamericano en materia de habitantes. 

Colombia es el noveno país del mundo con más casos por día y el tercero en Sudamérica, sólo superado por Brasil y Argentina. Si esta información se analiza en contraste con el número de habitantes, se podría fácilmente concluir que el país se ubicaría en una posición más desalentadora que la actual. 

En los últimos días el país ha enfrentado aumentos en muertes y casos, primero por las aglomeraciones del puente de marzo y después, por las de Semana Santa, entendiendo que pudo ser peor, pues todas las fiestas religiosas fueron físicamente canceladas. 

Luego de las masivas protestas evidenciadas el 28 de abril, el país entra en otro periodo de incertidumbre alrededor de lo que podría suceder en materia de contagios durante el próximo mes. Recordemos sí, que esta no es la primera vez que Colombia ve aglomeraciones, pues hace pocos días se vieron en la vuelta a Colombia y en el año 2020 se evidenciaron en los cuestionados días sin IVA. 

¿Y entonces?

Nos enfrentamos a un momento histórico como proyecto de país. Lastimosamente la tendencia evidencia que en las próximas elecciones pasaremos de una extrema derecha a una extrema izquierda, es preocupante porque la dirección del país no está en manos de los extremos, tampoco en las de la ideología, la solución si es que tiene, estaría en la unidad. No sería propio pasar del que diga Uribe, al que diga Petro.

Las últimas marchas han demostrado que el país está “mamado” de los mismos que han gobernado por décadas, pero el comportamiento de algunos marchantes deja mucha incertidumbre y mucho que pensar frente a lo que está por venir. 

Está comprobado que la manera cómo se está protestando carece de efectividad. Quizá sea interesante cambiar el método y optar por protestar como lo sugirió el senador Gustavo Petro en uno de sus recientes discursos: no use el transporte público, no compre en negocios de cadena, no ponga combustible por uno o dos días, en síntesis, paralice la economía y demuéstrele a los monopolios el poder del ciudadano. Pero ¿cuántos estarían dispuestos a hacerlo? 

¡Gran pregunta, cuya respuesta me lleva a concluir que el problema de Colombia somos sus ciudadanos, incluyendo el gobierno!

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